sábado, 24 de julio de 2010

Wait till summer comes along

Es increible cómo cambia mi vida cuando vengo a Tenerife. No sólo la música que escucho (que ultimamente es más el panamericano, las punchi punchi y locuras electrónicas tipicas de la costa y del gimnasio), sino mi ánimo y mi forma de vida.
Estoy terriblemente relajada con todo. Me pego medio día conduciendo en vez de coger el tren a todas partes; si me apetece salir a dar una vuelta con mis amigos no tengo mas que pensarlo, me hacen todo en mi casa. Mi responsabilidad ha pasado a ser cero, y se puede decir que esta felicidad significa que estoy de vacaciones.
De vacaciones sin estudiar, sin trabajar, igual que cualquiera de los alemanes que vienen en familia a quedarse un mes aqui, o los estudiantes que vienen de fin de curso a volverse locos con las fiestas del Puerto. Yo hago lo mismo: estar con mi familia, que me cuiden indefinidamente, salir con amigos por ahi, ir a las verbenas y ponerme roja como un tomate en cuanto salgo a la calle.
Por eso cuando me planteo mi futuro y se me pasa por la cabeza la alternativa de venirme a vivir a Tenerife, con lo bien que se está aqui y lo cómoda que estoy, sólo pienso que las vacaciones no duran eternamente, por mucho que me fastidie, y sobre todo que mi vida está en Madrid. Mi vida con todo el paquete. Echar de menos a Tenerife es lo que más especial la hace.

1 comentario:

Al dijo...

Te lo digo yo también, Tenerife te sienta muy bien, solo hay que ver lo guapa que estas ultimamente.;)
Ahora mismo estoy viviendo más o menos lo que acabas de escribir, porque ha sido venir mis padres y me he relajado auntomaticamente, duermo del tirón toda la noche y casi no tengo que pensar en nada, y eso que estoy en Bruselas sinónimo para mi de trabajo y estrés.